Los bebés lloran muy fuerte en la costa.

15 de enero, 2023.

Último día de vacaciones: trato de escribir entre llantos de bebés, ruidos molestos, balbuceos de niñxs y algunas frases en tono de reto que salen y repiten lxs adultxs hasta el cansancio. El sol me partió en dos o mil pedazos el cuerpo o mejor dicho me incendió de una sola vez. Ya pasaron varios días de la insolación pero ahora se me sale la piel, de alguna manera quiere huir de mí. Hace unas horas aprendí algo que, seguramente se vuelva una necesidad fundamental, me senté arriba de una piedra inmensa y me dispuse a terminar el primer capítulo del libro "Escribir" de Margarite Duras, justo me quedaba la última página: "La escritura: la escritura llega como el viento, está desnuda, es la tinta, es lo escrito, y pasa como nada pasa en la vida, nada, excepto eso, la vida". A partir de semejante declaración, me doy cuenta que experimenté algo parecido porque muchas veces no tuve ganas de escribir nada (o no tenía ideas) pero a veces sentía que el cuerpo me exigía escribir y no me pedía permiso para hacerlo, simplemente llegaba como una oleada de viento que de manera furiosa, llegaba a un único destino: el papel. 

(Interrupción del texto porque niñxs gritan y lloran muy fuerte)  

Se me ocurre que el llanto desconsolado de un niñx parte de una carencia y me gustaría esbozar una demarcación sobre el asunto pero lo único que puedo hacer en este instante, es imaginar qué escribir se parece a escribir en el medio de un caos o de un laberinto ruidoso, con la carencia entre la yema de los dedos, el llanto de nuestro propio bebé y juntando las partes de algo extraviado con las palabras. 

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